La idea de la crucifixión no fue de los soldados romanos sino de los judíos, por eso dice así la oración que el mismo Señor reveló a Santa Brigida, el dolor más grande no fueron los clavos de hierro sino los de nuestra desconfianza e incredulidad, nuestro olvido de lo que él ha hecho por nosotros para salvarnos. Tres clavos dolorosísimos